Tener claridad sobre qué se espera de cada colaborador es una tarea clave para las empresas. De acuerdo con Gallup, durante el primer semestre de 2026, solo el 49 % de los trabajadores afirmó tener claro qué se espera de su desempeño. Esto evidencia la necesidad de que las organizaciones revisen cómo comunican las funciones, responsabilidades y objetivos de cada puesto, especialmente cuando estos cambian o incorporan nuevas tareas.
“Las empresas no solo deben definir un puesto al momento de contratar a una persona, sino también asegurarse de que el colaborador entienda qué se espera de él, cuáles son sus prioridades y cómo será evaluado. Cuando las responsabilidades crecen o cambian y esto no se comunica claramente, pueden aparecer desmotivación, confusión y desalineación dentro de los equipos”, señala Latife Reaño, gerente general de LRS Consultoría.
En ese contexto, la especialista comparte cinco recomendaciones para que las empresas puedan fortalecer la claridad de los roles:
- Definir claramente las funciones desde el inicio: además de establecer las responsabilidades del puesto, es importante delimitar qué decisiones puede tomar el colaborador, con quién debe coordinar, entre otros. Esto evita que las funciones se superpongan dentro del equipo.
- Comunicar qué se espera de cada colaborador: los líderes deben traducir las funciones del puesto en prioridades concretas, especialmente cuando existen varias iniciativas o proyectos. Así, el trabajador puede identificar qué actividades requieren mayor atención y cómo aporta a los objetivos del equipo.
- Actualizar los roles cuando cambian las responsabilidades: cuando aparecen nuevas actividades de forma recurrente, la empresa debe evaluar si son temporales o pasan a formar parte del puesto. Si el cambio es permanente, corresponde actualizar las funciones y comunicarlo al colaborador.
- Establecer criterios claros para evaluar el desempeño: la evaluación debe estar vinculada con las responsabilidades comunicadas al trabajador. Definir qué resultados se esperan y en qué plazo permite que las evaluaciones se basen en criterios objetivos y no solo en percepciones.
